domingo, 1 de enero de 2017

Un Buda muerto...




En una fría noche de invierno, un asceta errante pidió asilo en un templo. El pobre hombre estaba tiritando bajo la nieve, y el sacerdote del templo, aunque era reacio a dejarlo entrar, acabó accediendo:
“Está bien, puedes quedarte, pero sólo por esta noche. Esto es un templo. No un asilo. Por la mañana tendrás que marcharte”.
A altas horas de la noche, el sacerdote oyó un extraño crepitar.
Acudió rápido al templo y vio que el forastero había encendido un fuego y estaba calentándose.
Observó que faltaba un Buda de madera, y preguntó:
“¿Dónde está la estatua?”
El otro señaló al fuego con un gesto y dijo:
“Pensé que iba a morirme de frío...”
“Estás loco? ¿Sabes lo que has hecho? Era una estatua de Buda. ¡Has quemado al Buda!”
El fuego iba extinguiéndose poco a poco. El asceta lo contempló fríamente y comenzó a removerlo con su bastón.
“¿Qué haces ahora? - vociferó el sacerdote”.
“Estoy buscando los huesos del Buda que, según tú, he quemado”.

 Más tarde, el sacerdote contó lo ocurrido a un maestro zen, el cual le dijo:
“Seguramente eres un mal sacerdote. Has dado más valor a un Buda muerto que a un hombre vivo”.

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