sábado, 7 de enero de 2017

El inquietante Atomic Energy Lab…



¿Quiere que su hijo se gane la vida en el laboratorio de Los Álamos o vendiendo proyectos secretos a Irán? ¿O que llegue a ser como Peter Parker a la hora de obtener superpoderes por la picadura de una araña irradiada por la energía nuclear?
Antes esto era algo más fácil.

Muchos lo consideran “el juguete más peligroso del mundo”…, y no, no era un libro sobre pensamiento crítico. Solo era un pequeño laboratorio infantil producido en una época en que las normas para que un juguete saliera al mercado eran muchísimo más relajadas.
El kit educativo de energía atómica costaba 50 dólares, un valor bastante elevado en aquel entonces y equivalente a unos 400 euros actuales.
Incluía cuatro tipos de muestras de uranio, un espintariscopio, una cámara de niebla, un electroscopio, un contador Geiger, un cómic y un par de manuales, incluyendo uno sobre cómo buscar uranio.
Pienso que el contador Geiger también daba a los padres la infeliz oportunidad de medir cuán contaminado podría estar su hijo (las niñas tenían más suerte en este caso).
Después de sólo un año de producción (entre 1951 y 1952), el juguete fue retirado del mercado por razones obvias, aunque el fabricante siempre justificó tal hecho con su elevado precio y sofisticación técnica.

En la actualidad un ejemplar completo y en buen estado puede llegar a costar unos 5.000 euros.
Aquí podéis encontrar a otros de la misma familia.

domingo, 1 de enero de 2017

Un Buda muerto...




En una fría noche de invierno, un asceta errante pidió asilo en un templo. El pobre hombre estaba tiritando bajo la nieve, y el sacerdote del templo, aunque era reacio a dejarlo entrar, acabó accediendo:
“Está bien, puedes quedarte, pero sólo por esta noche. Esto es un templo. No un asilo. Por la mañana tendrás que marcharte”.
A altas horas de la noche, el sacerdote oyó un extraño crepitar.
Acudió rápido al templo y vio que el forastero había encendido un fuego y estaba calentándose.
Observó que faltaba un Buda de madera, y preguntó:
“¿Dónde está la estatua?”
El otro señaló al fuego con un gesto y dijo:
“Pensé que iba a morirme de frío...”
“Estás loco? ¿Sabes lo que has hecho? Era una estatua de Buda. ¡Has quemado al Buda!”
El fuego iba extinguiéndose poco a poco. El asceta lo contempló fríamente y comenzó a removerlo con su bastón.
“¿Qué haces ahora? - vociferó el sacerdote”.
“Estoy buscando los huesos del Buda que, según tú, he quemado”.

 Más tarde, el sacerdote contó lo ocurrido a un maestro zen, el cual le dijo:
“Seguramente eres un mal sacerdote. Has dado más valor a un Buda muerto que a un hombre vivo”.