sábado, 17 de octubre de 2015

Mi maravilloso yo interior...



– Tío, Nuria me ha dejado. Estoy hecho polvo.
– Lo siento macho ¿Y cuándo ha sido?
– El sábado quedó conmigo y me lo dijo. Me dijo que se acabó para siempre.
– ¿Y por qué te ha dejado?
– Las tías son todas unas superficiales. Me dijo que ya no le gustaba. Que no le atraía físicamente, que estoy gordo y me estoy quedando calvo…
– Hombre, la verdad es que te estás descuidando bastante.
– Ya sí, pero lo valioso de una persona está en el interior. Fijarte solo en el físico es de ser una superficial de mucho cuidado.
– ¿Y qué más te dijo?
– Que le parecía un ignorante y un vago ¡Ya ves que estupideces!
– Bueno Paco, culto, culto… no eres. Yo solo te he visto con el Marca y solo te lees los titulares. Y trabajador… llevas años parado sin hacer nada.
– Sí, pero eso no es lo importante. No todos vamos a ser profesores universitarios. Me gusta vivir tranquilo sin que abuse de mí un empresario explotador. Nuria solo ha visto eso y no ha sabido mirar dentro de mí. Y luego que si no soy gracioso ni detallista ni elegante ni educado… ¡Me ha hecho menudo retrato!
– No quiero ofenderte Paco, pero es que tampoco has tenido ni un detalle con ella en ocho años. Y tampoco eres el rey de la fiesta. Estás todo el día viendo fútbol y enganchado a Internet. A lo mejor sí que has descuidado un poco la relación…
– Joder Luis ¿Tú también? Lo realmente importante, lo que tiene valor de verdad, es lo que auténticamente somos, nuestro ser. Lo demás va y viene, es efímero, es solo superficie.
– Vaya Paco, te has vuelto muy filósofo. Pero recapacita: eres feo, gordo, calvo, ignorante, vago, no tienes gracia, ni detalles, eres maleducado y poco elegante en el vestir ¿Qué crees que podías ofrecer a Nuria para que te quisiera?
– Macho Pedro, pues lo esencial, mi maravilloso yo interior.

lunes, 12 de octubre de 2015

No pierdas las llaves...





El conocimiento científico es un poder que permite hacer el bien o el mal, pero no lleva consigo las instrucciones de cómo usarlo. Tal poder tiene un valor evidente -incluso cuando el poder tiende a ser negado por lo que uno hace con él.
Yo aprendí una forma de expresar este problema común a los humanos en un viaje a Honolulu. En un templo budista de allí, el hombre encargado explicaba un poco de la religión budista a los turistas y luego terminaba su charla, contándoles que él tenía algo que decirles, que nunca olvidarían- y yo nunca lo olvidé. Se trataba de un proverbio de la religión budista:
“A cada hombre le es dada la llave hacia las puertas del cielo; la misma llave abre las puertas del infierno”.
¿Cuál es, entonces, el valor de la llave hacia el cielo? Es cierto que si carecemos de instrucciones claras que nos permitan determinar cuál es la puerta hacia el cielo y cuál es la puerta hacia el infierno, la llave puede ser un objeto peligroso para nosotros.
Pero, obviamente, la llave tiene valor: ¿cómo podemos entrar al cielo sin ella?
Las instrucciones no tendrían ningún valor sin la llave. Así que es evidente que, a pesar del hecho de que pudiese producir un enorme horror en el mundo, la ciencia es de valor, debido a que puede producir algo. (Richard Feynman)