viernes, 17 de mayo de 2013

Partículas...




En el libro “No Ordnary Genius” de Christopher Sykes se cuenta que durante una visita a Ginebra, Richard Feynman decidió visitar el laboratorio de física del CERN (un túnel subterráneo de 27 km de circunferencia que puede acelerar protones hasta que alcancen cerca de 99,99 % de la velocidad de la luz…, de momento).
En la línea del acelerador de partículas se encontraba una gigantesca máquina llena de luces y perillas, con andamios y hombres por todos lados.
El visitante preguntó para qué era ese experimento y el director dijo:
  - ¿Para qué? Este experimento es para probar el cambio de cargas, esto o aquello bajo tales y tales circunstancias.
Feynman se detuvo abruptamente y dijo:
   - ¡Lo olvidé!
   - ¡Esta es su teoría del cambio de cargas, Dr. Feynman! Este es un experimento para demostrar, si podemos, su teoría de hace 15 años.
Feynman estaba un poco avergonzado por haber olvidado eso, de manera que miró la gran máquina y dijo:
   -  ¿Cuánto costó?
   - Treinta y siete millones de dólares.
   - ¿No confían en mí?

domingo, 5 de mayo de 2013

No empujes...




Las creencias me traen problemas. Son rígidas. No evolucionan con los cambios que están constantemente ocurriendo. No se adaptan. Tampoco sirve cambiar de creencia, ya que traería los mismos problemas. La creencia excluye toda nueva evidencia, aunque sea o no verdad en un momento dado. Lo que si tiene sentido para mi es la el intento, la forma en que caminan los elefantes, que antes de colocar su peso sobre el terreno lo prueban para ver si los sostendrá o no. Cada paso con cada píe, porque la última vez no dice nada acerca de esta vez.

El breve currículum de esta escritora y terapeuta gestáltica, que aparece en el libro “Persona a Persona” escrito conjuntamente con Carl Rogers, dice: “Barry Stevens abandonó la escuela secundaria en 1918, a los 15 años de edad, porque lo que quería saber no lo podía aprender en la escuela”. Nada nuevo hoy en día…
Se sintió a gusto viviendo entre los navajos, los hopis y los hawaianos y fue, contra su voluntad, una especie de “estrella” del movimiento del potencial humano en la década de los 70 e hizo todo lo posible para llevar una vida “normal”. Amiga de Bertrand Russell y Aldoux Huxley, trabajó junto a Carl Rogers y Fritz Perls quién la describió como “una terapeuta nata”.
Para dar título a su autobiografía tomó prestada de Perls la frase “no empujes el rio”, en los meses que pasó con él en el denominado “kibbutz gestáltico” del Lago Cowichan de Canadá.
Cada tanto sigo abriendo sus páginas al azar y me dejo inundar por su particular modo de relacionarse con el mundo y consigo misma. Lo hace con mucho respeto al ser humano, a las emociones que surgen y a los procesos en curso sin dejar de lado la claridad y el humor.
Si es posible, aunque sea un ratito, hay que probar: “no empujemos al rio..., él ya fluye por sí mismo…, y también lo hace la vida”.