lunes, 22 de abril de 2013

De tu cuerpo ...





                                            Cúmulo globular NGC 6362, observatorio La Silla, Chile.


Hace apenas 500 años casi todos creíamos que la tierra era plana y a quien llevaba la contraria le anticipaban el día de San Joan.
Ahora somos menos los que pensamos así en parte porque seguimos mejorando el telescopio de Galileo de tal manera que obtenemos fotos como esta del cúmulo de estrellas NGC 6362, nombre muy romántico de uno de los que tenemos al lado de nuestra galaxia, la Vía Láctea, y que hasta ahora era poco conocido en parte por la poca nitidez de las observaciones.
Los cúmulos globulares de estrellas pueden ser de los objetos más antiguos del universo y tienen forma aproximadamente esférica. Consisten en una agrupación de cientos de miles de estrellas nacidas al mismo tiempo y que orbitan en torno a una galaxia, como si fueran satélites de esta.




                          Región central del cúmulo obtenida por el telescopio Hubble de la NASA/ESA, 
                                                           a 593 kilómetros sobre el nivel del mar. 

Algunos de estos presentan la “paradoja” de tener estrellas muy viejas y al mismo tiempo algunas sospechosamente jóvenes. Las primeras, teniendo ya poco combustible que quemar, presentan un color amarillo, las segundas, consumiendo más rápidamente su combustible, presentan un color azulado indicativo de las estrellas más jóvenes (unos bebes de entre 20 y 35 millones de años, ya que nuestro Sol cuenta con unos 4.600 millones de años y todavía no ha llegado a la mitad de su vida).
Para permanecer aparentemente jóvenes (emitir luz azulada) estas estrellas pueden hacer dos trampas: o se fusionan con otra(s) para juntas generar más energía o utilizan la su gravedad para captar material extra de una compañera cercana.Estas son dos de las teorías que se manejan actualmente.
Lo que sí sabemos es que todas las estrellas un día terminarán su ciclo de vida activa y como acabe dependerá de la masa total que tenía al formarse. Cuando toda la masa fusionable se haya consumido, puede convertirse en una gigante roja, una enana blanca, una estrella de neutrones, un agujero negro o, para suerte nuestra, en una supernova. Una supernova es una estrella que explosionó y que puede brillar tanto como lo que brillan diez mil millones de estrellas…, justo lo que hemos necesitado para existir. ¡Esto sí es dar a luz!

Os dejo con las palabras del físico teórico Lawrence Krauss.
“Cada átomo de tu cuer­po pro­vie­ne de una es­tre­lla que es­ta­lló. Y, los áto­mos de tu mano iz­quier­da, pro­ba­ble­men­te, pro­ce­den de una es­tre­lla dis­tin­ta que los de tu mano de­re­cha. Es, ver­da­de­ra­men­te, lo más poé­ti­co que sé de la fí­si­ca: estás hecho, por en­te­ro, de polvo de es­tre­llas. No po­drías estar aquí si esas es­tre­llas no hu­bie­sen es­ta­lla­do, por­que los ele­men­tos —el car­bono, el ni­tró­geno, el oxí­geno, el hie­rro… todo lo ne­ce­sa­rio para la evo­lu­ción y la vida— no fue­ron crea­dos desde el prin­ci­pio de los tiem­pos. Se for­ma­ron en la cal­de­ra de los nú­cleos es­te­la­res y el único modo de que lle­ga­sen a tu cuer­po es que esas es­tre­llas tu­vie­sen el de­ta­lle de es­ta­llar. Así que ol­ví­da­te de Jesús. Las es­tre­llas mu­rie­ron para que tú pu­die­ses estar aquí hoy.”