domingo, 17 de marzo de 2013

Deflexión



- ¡…no te veo con buena cara!
- Estoy muy desanimado…
- ¿Y para qué sirve el desánimo?
- Para nada, pero no sé qué hacer…, hasta me cuesta respirar.
- Pero no puedes seguir así, invéntate algo.
- Es que veo todo tan complicado.
- Deja esa tristeza de lado…, si no cambias de actitud todo
  seguirá igual.
- Es verdad, estar así no solucionará  nada. Mejor poner una
  sonrisa y salir a la lucha. Lo que pasó, pasó.
- Muy bien… ¡así se habla!

Todos hemos participado en algún diálogo parecido a este.
Yo me he visto en los dos “bandos” y he constatado que en muchas situaciones difíciles es mejor no sumergirse, sobre todo cuando son temas emocionalmente candentes y además no sabemos cómo actuar con ellos.
En casos así conviene mantener la distancia, por ejemplo, golpear a la papelera antes que al jefe.
En situaciones como estas desviarse de la realidad es la manera más práctica de hacerle frente, actuando en una dirección distinta a aquella que se deseaba o necesitaba.
En cambio en otras situaciones esta actitud tan humana de huir del contacto directo con el presente, con lo que sucede aquí y ahora,  solo nos sirve para desvitalizar o huir del contacto con las personas o situaciones, con la gran ventaja de evitar tanto la  confrontación con el otro como la conciencia de lo que sucede a uno mismo.
Técnicamente y según la Terapia Gestalt, llamamos “deflexión” a este mecanismo de evitación del contacto directo y lo podemos ver fácilmente cuando una persona dice: “sí, pero…” en lugar de “no estoy de acuerdo”, hablar mucho y no aclarar nada, seducir al otro en lugar de pedirle afecto, sonreír mientras se habla de algo triste, hablar sobre alguien en vez de hablar con alguien.
Al “deflexionar”, direccionamos nuestra energía a una diana distinta de nuestro objetivo deseado: la enviamos a un objeto equivocado o acertamos a un objeto correcto de manera equivocada. También sirve para disminuir la energía del sistema, por ejemplo, llorando cuando se tiene rabia.
Una vez cristalizada esta forma de relacionarnos con el medio, limitamos no tan solo el poder creativo además garantizamos una eterna anestesia en el sentir emocional.
Durante el proceso terapéutico es importante examinar vivencialmente con el cliente/paciente el desarrollo de este mecanismo, como y cuando se presenta, como lo gestiona, en que contextos aparece, etc.
Si se puede conseguir que la energía deflexionada llegue al objetivo real, el sentido de contacto con el otro y el mundo aumenta considerablemente.


miércoles, 13 de marzo de 2013

Luz y sombra (1).





Ciclista anónimo en São Paulo, años 50.
De Thomaz Farkas, brasileño de origen húngara, que dejó marca en la fotografía brasileña.
 “La fotografía, decía, para mí, es la mejor forma de aprovechar la vida”.