martes, 28 de marzo de 2017

Cadenas de libertad…



Cualquier precaución es poca…
Los paseos en bicicleta son una actividad muy atractiva, tanto de ocio como de desplazamiento. Así que recuerda tener siempre en mente la importancia de la visibilidad. Y no solo de ver, sino de poder ser visto fácilmente.
Ten en cuenta cosas como adoptar una posición adelantada cuando pares en un semáforo, llevar una trayectoria predecible y señalizar todos y cada uno de tus movimientos con los brazos. Los demás usuarios de la vía no tienen por qué adivinar que quieres girar a la derecha o cambiarte de carril.
También debes tener en cuenta que los vehículos largos, como autobuses, tienen muy poca visibilidad en los costados: evita colocarte en esos puntos ciegos.
Lleva casco, viste con colores llamativos y recuerda que las luces son imprescindibles incluso durante el día (siempre han de ser blancas delante y rojas detrás).
Y por la noche es muy importante vestir ropa clara y llevar un chaleco reflectante para ser visto en la oscuridad.
¡Ahora ya puedes disfrutar de tus paseos en bici!

miércoles, 22 de marzo de 2017

Los primeros pasos...


Cuando llegó mi turno, subí las escaleras al pequeño cuarto que había sobre la sala de meditación, llamé, se me invitó a entrar, entré y me senté. Hubo unos momentos de silencio. Supongo que ella (la maestra zen) me estaba dando la oportunidad de empezar. Seguí en silencio. Probablemente percibió lo embarazoso de mi situación. Yo era más bien tímido.
Me miro de una forma muy directa. Era imposible adivinar cómo se sentía, pero yo percibía amabilidad en sus ojos. Tras lo que me pareció un tiempo larguísimo, pero que no pudo ser más de un minuto, me ayudó:
“¿Quisieras comentar alguna cosa?”
En ese contexto, se trataba de una pregunta muy abierta. Podía haberla considerado de muchas formas. Podía muy bien haberme servido de pretexto para hablar sobre ciertas cuestiones técnicas de la práctica meditativa o como una excusa para hablar de mi vida. Sin embargo, me quedé más paralizado que antes.
“¿Quisieras comentar alguna cosa?” exigía de algún modo una respuesta que no fuera meramente un lugar común. Parecía reclamar: “¿Puedes decir algo que sea definitivamente verdadero? ¿Puedes decirlo ahora?” Aunque mil cosas pasaron como relámpagos por mi mente, no había nada en mi vida que pudiera superar la prueba.  
Entonces, fue como si el universo entero viniera a rescatarme. Mi vida se desvaneció y tan sólo quedamos los dos, sentados cara a cara en un cuarto, en un día frío y con una ventana abierta que daba a al jardín helado.
“Los pájaros están cantando”, dije.
Ella sonrió.
Fue un intercambio de ocho palabras en total, pero eso bastó para que la dirección de mi vida cambiara de manera radical.

                                                                    
                                                                                 (Terapia Zen, de David Brazier ) 

sábado, 11 de febrero de 2017

Escribo para desasosegar...




La mayoría de las citas que corren por internet son falsas...
Bueno…, no tanto. También están las inexactas y las que son verdaderas.
Otro apartado interesante son las frases “tuneadas”; aquellas que modifican las originales, las erradamente atribuidas a determinados autores, las que se traducen mal, o bien las que se sacan fuera de contexto. La cuestión es que tengan impacto, poniendo en evidencia una característica de la información actual: fácil lectura y contenido corto.
De manera que al mirar la frase de la foto, es de esperar que nuestro sentido común no tenga problemas en aceptar a la misma cómo perteneciente a uno de los autores más inquietantes del siglo XX, convencidos de que tiene de estar relacionada con su famoso “Libro del desasosiego”. Pero sabemos que no es suya. Pertenece a José Saramago, otro grande escritor portugués, y que fue pronunciada durante la presentación de su libro “Caín”, una novela irreverente, irónica y mordaz sobre el célebre fratricidio bíblico.
"No escribo para agradar, tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar. Me gustaría que todos mis libros fueran considerados como libros del desasosiego".
En ese acto también habló tranquilamente sobre la muerte y de cómo no tenía miedo a la misma:
“La muerte es sencillamente, no haber estado”.

Sí, posiblemente internet ha llevado a su máxima expresión el dicho: se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Pero felizmente también nos ha dado muchas facilidades para hacerlo.

sábado, 7 de enero de 2017

El inquietante Atomic Energy Lab…



¿Quiere que su hijo se gane la vida en el laboratorio de Los Álamos o vendiendo proyectos secretos a Irán? ¿O que llegue a ser como Peter Parker a la hora de obtener superpoderes por la picadura de una araña irradiada por la energía nuclear?
Antes esto era algo más fácil.

Muchos lo consideran “el juguete más peligroso del mundo”…, y no, no era un libro sobre pensamiento crítico. Solo era un pequeño laboratorio infantil producido en una época en que las normas para que un juguete saliera al mercado eran muchísimo más relajadas.
El kit educativo de energía atómica costaba 50 dólares, un valor bastante elevado en aquel entonces y equivalente a unos 400 euros actuales.
Incluía cuatro tipos de muestras de uranio, un espintariscopio, una cámara de niebla, un electroscopio, un contador Geiger, un cómic y un par de manuales, incluyendo uno sobre cómo buscar uranio.
Pienso que el contador Geiger también daba a los padres la infeliz oportunidad de medir cuán contaminado podría estar su hijo (las niñas tenían más suerte en este caso).
Después de sólo un año de producción (entre 1951 y 1952), el juguete fue retirado del mercado por razones obvias, aunque el fabricante siempre justificó tal hecho con su elevado precio y sofisticación técnica.

En la actualidad un ejemplar completo y en buen estado puede llegar a costar unos 5.000 euros.
Aquí podéis encontrar a otros de la misma familia.

domingo, 1 de enero de 2017

Un Buda muerto...




En una fría noche de invierno, un asceta errante pidió asilo en un templo. El pobre hombre estaba tiritando bajo la nieve, y el sacerdote del templo, aunque era reacio a dejarlo entrar, acabó accediendo:
“Está bien, puedes quedarte, pero sólo por esta noche. Esto es un templo. No un asilo. Por la mañana tendrás que marcharte”.
A altas horas de la noche, el sacerdote oyó un extraño crepitar.
Acudió rápido al templo y vio que el forastero había encendido un fuego y estaba calentándose.
Observó que faltaba un Buda de madera, y preguntó:
“¿Dónde está la estatua?”
El otro señaló al fuego con un gesto y dijo:
“Pensé que iba a morirme de frío...”
“Estás loco? ¿Sabes lo que has hecho? Era una estatua de Buda. ¡Has quemado al Buda!”
El fuego iba extinguiéndose poco a poco. El asceta lo contempló fríamente y comenzó a removerlo con su bastón.
“¿Qué haces ahora? - vociferó el sacerdote”.
“Estoy buscando los huesos del Buda que, según tú, he quemado”.

 Más tarde, el sacerdote contó lo ocurrido a un maestro zen, el cual le dijo:
“Seguramente eres un mal sacerdote. Has dado más valor a un Buda muerto que a un hombre vivo”.

jueves, 8 de diciembre de 2016

La silla de Perls (3)...




Posiblemente haya tantas formas de hacer “gestalt” como la de “gestaltistas”. Y no puede ser de otra manera en un tipo de terapia que exige la autenticidad de uno mismo cuando se la está practicando.

“Yo recuerdo mi experiencia de asistir a un primer grupo con Perls habiendo oído que era un cirujano, y que era muy directo; uno tenía que estar preparado para dejarse meter el cuchillo y para mí la experiencia más importante con Perls fue simplemente transitar por esa situación. Para mí lo terapéutico de mi primer encuentro con él fue encontrarme con un miedo a la verdad, miedo a que me dijera cosas muy duras y luego hacerme la reflexión: ¿acaso no estoy buscando yo la verdad?, ¿acaso no vengo yo a esto, justamente a esto, a encontrarme con mi verdad?, y de pronto me resultó como “2 + 2 = 4”, que si yo estoy buscando la verdad y él me dice la verdad, por dura que sea, no puede dolerme y yo se lo agradeceré. Y me pregunté entonces: “¡ah! Y si me dice algo que es duro y no es la verdad, ¿podría eso dolerme? Pero ¡cómo va a doler si eso no es la verdad!” Y de pronto me entregué a fondo. Me entregué, me dejé estar en la situación de una forma en que con eso ya estaba hecha más de la mitad de la terapia.”
(Claudio Naranjo, "Acerca de la confrontación")

lunes, 12 de septiembre de 2016

Freud, Perls & Einstein...




“Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”.

Esta es una muy famosa frase que aparece reiteradamente en la Internet y se le atribuye al genial físico Albert Einstein.
Sin embargó, no es de él. Es del terapeuta Fritz Perls, quien, en 1940 publicó un libro donde revisaba el trabajo de Sigmund Freud. 
Fritz escribió:
“Como los tiempos modernos promueven una alimentación apresurada, no es extraño aprender lo que dijo un gran astrónomo: ‘Dos cosas son infinitas por lo que sabemos, el universo y la estupidez humana’. Hoy sabemos que esta declaración no es del todo correcta. Einstein ha demostrado que el universo es limitado”.
Es decir, Fritz atribuyó la frase a “un gran astrónomo”. Einstein no era eso. Quien se la adjudica al autor de la teoría de la relatividad, se confundió con la frase final.
                                                                          (Encontrado en la red)